miércoles, 3 de febrero de 2016

¿Qué le ocurre a mi negocio?

Con frecuencia, cuando piso por primera vez una empresa, es normal que el empresario me pregunte la razón de que su negocio no vaya como antaño. Ante esto hay una batería de preguntas que nos indican el camino de la respuesta.

¿tenéis página web? si no tienes no existes, no te van a encontrar y tu competencia te adelanta.
¿quién es responsable de esto o de aquello? el silencio por respuesta, nadie tiene definidas sus responsabilidades.
¿cuando empezó esto a ir mal? la crisis, antes ya noté yo el parón y no llegamos a fin de mes.
¿qué habéis hecho para solucionarlo? Despedimos a parte de la plantilla y redujimos el gasto al mínimo, ¿se puede reducir más? Bueno ... es difícil ya está ajustado.
¿estás ganando dinero? hay meses que no cobramos, hemos bajado margenes pero no cubrimos.
¿manejáis redes sociales? mi hij@ es un lince con el ordenador y le voy a decir que lo lleve.

Hay que fijarse en la falta de adaptación de estos empresarios al entorno actual de competencia. Evidentemente no todos son iguales, pero este perfil, repetitivo, es un modelo de fracaso. La empresa es la imagen de su administrador, si este es desordenado, no está puesto al día en tecnología, le falta motivación y la dejadez le ha llevado a no tener las riendas de su negocio, es el momento de reinventarse o morir.

La peor de las decisiones es no hacer nada y esperar que la competencia, los proveedores y acreedores nos lleven al cierre.

Con independencia de que desde un punto de vista financiero, de marketing, administrativo, el negocio se pueda enfocar, con quien hay que hacer el mayor trabajo es con los directivos, hay que reengancharlos al trabajo, trabajar su motivación y corregir los errores de dirección que les llevan al precipicio. Tienen que entender que el problema son ellos y la solución también.

Este trabajo no se consigue en un día, hay que demostrar que con nuevas capacidades la rentabilidad se incrementa, que con un mejor control del negocio, las cuentas salen, que observando los movimientos de la competencia tiene que reaccionar y sobretodo abandonar la senda del fracaso.

Un redireccionamiento del negocio, la adecuación del puesto a las capacidades, la formación de las personas, la motivación el equipo directivo y una estrategia definida para salir del bache suele ser el cocktail necesario para retornar al éxito empresarial.

Tampoco quiero olvidarme de otro tipo de empresario, el "empresario ego". En este perfil se sitúan aquellos que piensan que son los mejores y que a partir de este punto todo el mundo es malo, sólo quieren llevarse su dinero y su plantilla es incompetente. Este perfil responde a una empresa familiar pequeña, donde el eslabón más fuerte es el gerente, generalmente con poca formación, con ambición de controlarlo todo y no admite en su equipo gente que les haga sombra, sólo quiere obreros que le obedezcan. Este tipo de empresas funcionan en función de la valía de sus gestores que, impulsados por corazonadas, no por el estudio de las alternativas dan pasos ciegos a ver qué pasa. Suelen soportar algún error, aunque dos o tres errores poco espaciados en el tiempo pueden tirar la empresa abajo. Son empresas poco rentables porque les cuesta pagar los errores de gestión y la falta de medición del binomio rentabilidad-coste.

En buen número de ocasiones es el propio empresario la causa del problema y de él depende la solución, lo importante es que asimile lo antes posible sus limitaciones como gestor y busque ayuda.