Estamos viviendo tiempos de cambio. En los últimos años nos hemos enfrentado a circunstancias desconocidas por nuestra generación y desde un punto de vista económico poco estudiadas.
Por no desviarnos de la temática del blog, vamos a ver por qué se está produciendo la inflación:
Imaginemos a un agricultor que ofrece su producción en el mercado (por ejemplo 4 naranjas). Estas naranjas si las vende 2 € cada una tendría 10 compradores, pero 6 de ellos estarían dispuestos a comprarlas por 3 € y 4 llegarían a pagar 4 € por unidad. En este caso el precio donde se cruza la oferta y la demanda es 4 €. Más naranjas no va a ser posible poner en el mercado hasta la siguiente cosecha.
Llegados a este punto ¿qué es lo que ocurre? por un lado en el mercado hay agentes con la suficiente liquidez como para afrontar este compra y hay otra parte del mercado con cuya renta no se puede alcanzar este precio. A un año vista el agricultor podrá ajustar la cosecha.
Llegada la pandemia en el año 2019, se produce un bloqueo en base a la parada de la economía mundial por los confinamientos, fundamentalmente. Este freno ya disparaba en meses sucesivos las materias primas. Así productos básicos como el acero, la madera o el aceite, subían libremente, anticipando lo que vendría a continuación, la subida del resto de productos. En aquel momento, encerrados en nuestras casas, los precios se mantenían aparentemente porque había bajado la demanda, lo que se explica por el ajuste de la oferta. Lo normal hubiera sido que esos precios disminuyesen, como ocurrió con los combustibles.
Conforme se va disipando la crisis COVID, los agentes económicos se lanzan de nuevos al consumo con ciertos ahorros, que recuperan la demanda pero la oferta tarda en reaccionar por la mucha incertidumbre a la que se enfrentó.
Para paliar los efectos de la crisis, los gobiernos tratan de apoyar, o sostienen de manera artificial ciertos sectores, hecho que, apoyado por las políticas expansivas de los distintos bancos centrales, inundan los mercados de liquidez, creando la falsa percepción de que el dinero no vale nada (tipos de interés negativos). Este exceso de liquidez hace que, en el ejemplo de las naranjas, haya más agentes dispuestos a pagar 4 € por lo que el precio que ajusta la oferta a la demanda es de 5 €. Se ha impulsado, alentado, este incremento de precios.
En Europa no para de llover, estalla la guerra de Ucrania, que demuestra el perverso efecto de la globalización y la dependencia de diversos sectores. Europa muestra la cara, más de una vez denunciada, de que no somos productores de nada y somos consumidores de todo. Ahora le toca la hora a la energía que dobla el precio, sonrojando las caras verdes. La energía mal llamada verde no cubre las necesidades de los países europeos que quedan a merced de países no aliados para poder confeccionar la oferta energética. Segundo factor determinante en la subida de los precios de la economía. El modelo abanderado se desmorona, mostrando la cara menos solidaria de una Europa que se juega en la próxima década el ser o no ser, con un modelo productivo, económico y político obsoleto.
Vamos a fijarnos en los comentado hasta ahora: Exceso de liquidez en el sistema provocado por la máquina de hacer dinero a coste 0 y la elevada permisibilidad con el déficit de la Unión Europea, descenso en la oferta en general, intervención de mercados por parte de los gobiernos y elevación del precio de bienes de consumo inelástico como es la energía, que afecta de manera trasversal a todos los sectores.
Año 2022, por fin alguien se da cuenta de que se nos va de las manos, que los mercados no pueden intervenirse de forma indefinida y se comienzan a tomar medidas drásticas que afectan al modelo, cebándose en los agentes más débiles e hipotecando el futuro de generaciones.
Llegan en primer lugar la subida generalizada de los precios, de todo en general, y de los alimentos en particular. A continuación golpea con fuerza en las economías domésticas los precios de la energía, tanto en el hogar como en los desplazamientos de trabajadores a sus puestos de trabajo. Las familias comienzan a ver disminuida su renta disponible, frenando el consumo, baja la demanda, y con ella la oferta con más fuerza creando la sensación de escasez en los mercados. El equilibrio se alcanza con menor cantidad y mayor precio.
Ahora llegan los diferentes agentes económicos pidiendo mantener el poder adquisitivo con subidas salariales, ¿se pueden atender estas pretensiones? No, no y no. Si la empresa traslada a los trabajadores estas subidas salariales, para mantener a la empresa a flote deberían de subir precios de los productos ofertados creando una espiral de inflación. ¿Se puede convivir con una inflación disparada? No, genera mayores diferencias entre clases sociales y, debido a que el equilibrio entre oferta y demanda se produce con una menor producción las empresas cierran acarreando paro.
Y en este punto ¿Qué hacemos?: Difícil respuesta para una difícil pregunta. Vivimos un encarecimiento del dinero por parte de los bancos centrales FED, BCE y Banco de Inglaterra entre otros. No es la mejor herramienta para solucionar una escenario de inflación desbocado, al menos considerar que la subida paliará la inflación. Esto no va a ocurrir a corto plazo, los factores exógenos como la conversión del mix energético hacia una menor dependencia de los combustibles fósiles, repatriar industria y dotar de una mayor independencia a Europa frente a gobiernos nacionales es lo que frenará la inflación en el horizonte de dos o tres años no sin antes arrastrar una buena parte de la economía con una recesión que en Europa va a ser profunda, con una recuperación incierta, no en vano los motores de antaño son los que se van a ver afectados en mayor medida (hablo de Alemania) y en España sectores como el turismo y la restauración van a salir refregados.
Más allá de estos efectos directos asistiremos en primera fila a la caída de una parte del sector hipotecario que, siguiendo criterios de prudencia resistió a la crisis del 2008, y verá como a pesar de haber incrementado su nivel de solvencia y cobertura, se desmorona como un castillo de naipes por la inflación. Esta afecta a las rentas más justas, la mayor parte de veces las más endeudadas, donde para las otorgación de préstamos no se incluían estos escenarios tan severos a los que nos enfrentamos. Pagar todos los meses 100 € más de luz, 100 € más de combustible, 100 € más de alimentos, 150 € más de hipoteca, etc. harán inviables parte de las economías domésticas con consecuencias indeterminadas a fecha de hoy.
En España nuestra debilidad productiva pasará una factura que tardará en cicatrizar. El abusivo endeudamiento de nuestra economía determinará años de austeridad hasta retornarlo a niveles razonables (no es previsible que la presión fiscal disminuya en los próximos años sino todo lo contrario), mientras tanto el paro y la pobreza energética asolarán nuestra economía. Atrás dejaremos los años en que pudimos ser un referente en energías limpias con el frenazo de proyectos y con una inseguridad jurídica que evitó, que llegara la inversión extranjera a las energías renovables en nuestro país.