El final del optimismo en los mercados se acerca y vuelven
tiempos convulsos con la estabilidad del sistema financiero, el crecimiento de
la deuda pública y la estabilidad de la zona EURO. Entramos en terreno
inexplorado.
He oído a diferentes directivos de banca decir que este año
lo tenían hecho en referencia a que los resultados llegarían solos por la
subida de tipos de interés, que sus entidades no iban a asumir riesgos
prestando dinero, y llevaban razón, este año será muy bueno para la banca en general
pero …. Y el que viene …. ¿también lo será? Se ha perdido un año para hacer los
deberes, me recuerdan a la fábula de la hormiga y la cigarra.
Lastrados por cierres de empresas, los impagos hipotecarios
y la caída del crédito al consumo vendrán las verdaderas pruebas de estrés
donde no debemos descartar alguna entidad con problemas. ¿Vendrá otra vez papá
estado al rescate? Indudablemente sí, la caída de una entidad financiera sería
la primera ficha de dominó de una crisis bancaria mucho mayor.
Esta vez el escenario es muy complicado porque tenemos un
nuevo ingrediente en la receta llamado INFLACION. Los bancos centrales en su
lucha endiablada contra la crisis provocada por la pandemia, inyectó liquidez
en los mercados mucho más allá de lo recomendable y relajó la política de tipos
de interés hasta llegar a pensar que el dinero no valía nada. Pensaron que estarían
atentos a las señales del mercado a la hora de retirar estímulos, pero no lo
hicieron y ahora el pato lo pagaremos entre todos los agentes económicos,
especialmente las familias, que haremos frente a la inflación y a la ingente
deuda pública que hemos despilfarrado a la hora de combatir el cierre de
empresas, la inflación y la crisis.
En este contexto habrá vencedores, indudablemente, pero
también vencidos. La desaparición de empresas, muchas de ellas potenciadas con
préstamos ICO avalados por el Estado, no llegarán a poder reembolsarlos,
ejecutando el aval estatal (más deuda). Estos cierren provocarán paro (las
coberturas del sistema provocarán más deuda) y finalmente se reducirá la
demanda de productos conteniendo la inflación. En el otro lado de la ecuación
estarán los trabajadores son los hombros sobre los que se ha cargado el peso
del incremento de precios. Estos a su vez requerirán una mayor remuneración a
los agentes económicos para afrontar este día a día, creando más tensiones
inflacionistas. Para pagar más a los trabajadores, tengo que subir el precio de
mis productos.
Llegados a este punto parece que el equilibrio no va a estar
en la reducción de la inflación a condiciones Maastricht y que vamos a convivir
con la inflación los próximos años. El BCE tiene que darse cuenta que esta
lucha la perdió años atrás al no controlar la oferta monetaria, que la economía
tardó en ajustarse debido a la crisis, que la intervención pública en la
economía provoca ineficiencias y que a fin de cuentas sólo hay un perdedor a
largo plazo que es la clase media baja, que verá reducido su status una vez
más.